Artículo de la Sra. Ministra de Asuntos Sociales Doña Cristina Alberdi para CRONICA

Madrid, Julio de 1994


En primer lugar, quiero manifestar mi reconocimiento a la importante labor que está realizando la Asociación de Enfermos de Crohn y Colitis Ulcerosa. El movimiento asociativo, así como el voluntariado y los grupos de autoayuda, cumplen una función imprescindible para la realización de las políticas públicas de bienestar.

Vivimos tiempos en los que el desarrollo científico y tecnológico nos ha hecho albergar a todos la esperanza de un futuro con grandes posibilidades de mejorar la calidad de vida de las personas. Esto tiene especial importancia en el caso de quienes tienen que realizar una vida con limitaciones como consecuencia de una enfermedad crónica y otro tipo de problemas.

Las aportaciones que desde las nuevas tecnologías se están realizando, con el fin de facilitar la vida a las personas con algún tipo de discapacidad y las posibilidades que se auguran para un futuro no muy lejano, permiten contemplar un mañana optimista y esperanzador.

Sin embargo, para que ese desarrollo tecnológico pueda tener pleno sentido es necesario complementarlo con aquellos comportamientos y actitudes sociales que se inspiran en la solidaridad, y de esa manera dar esa dimensión humana que debe tener el desarrollo del bienestar.

Esta práctica de la solidaridad sólo es posible cuando nace como consecuencia del compromiso ciudadano. asumido libre y responsablemente, de colaborar en la búsqueda de soluciones para los problemas a los que tienen que hacer frente la comunidad. Uno de los canales que mejor sirve a los intereses de la solidaridad es el que proporcionan las asociaciones y organizaciones no gubernamentales.

En el Ministerio de Asuntos Sociales nos hemos propuesto, como un objetivo prioritario, potenciar la aparición de un tejido asociativo rico, plural y democrático, dispuesto a corresponsabilizarse con las Administraciones en el desarrollo de las políticas públicas de bienestar.

En estos últimos años, la sensibilidad de muchos ciudadanos ha permitido generar un amplio abanico de recursos, consecuencia del esfuerzo y la dedicación de los movimientos asociativos y de voluntariado, como lo demuestra el creciente número de proyectos que progresivamente cada año se han puesto en marcha.

Este crecimiento se debe, al menos en parte, a la emergencia de nuevas formas de participación ciudadana. Se trata de nuevas formas de expresión de las opciones y de la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, que se viene a sumar a las ya tradicionales formas de participación a través de sindicatos y partidos políticos.

Esta práctica social es el resultado de una necesidad individual de toda persona de verificar su inserción social, de sentirse colectivamente, ha sido fomentada como un recurso fundamental en la atención a las necesidades de la sociedad.

La participación de las asociaciones en la construcción de una sociedad que busca su bienestar siempre debe ser entendida desde la realización de dos funciones:


La organización de una red de servicios para todos los ciudadanos y ciudadanas, que atienda a sus problemas concretos y que permita que los principios de igualdad y solidaridad sean una realidad cotidiana, exige algo más que el esfuerzo de los poderes públicos, requiere la contribución y el compromiso de los propios ciudadanos.

La sociedad civil, a través de la participación y su aproximación cada vez mayor a la toma de decisiones, está adquiriendo progresivamente un papel más activo en la búsqueda de las soluciones a los problemas de una sociedad cada vez más compleja. La responsabilidad compartida o la corresponsabilidad, debe ser el primero de los valores que inspiren la estructuración, la cohesión y el funcionamiento de la sociedad solidaria o sociedad del bienestar que es preciso construir entre todos.

Debemos seguir fomentando y potenciando una verdadera cultura de la coparticipación responsable y activa que nos permita romper con los viejos esquemas basados en un modelo de sociedad paternalista y en la dependencia pasiva de las actuaciones del Estado.

Hoy más que nunca debemos insistir con nuestras palabras y con nuestros hechos en extender por toda la sociedad valores tan necesarios para la convivencia como la solidaridad. El trabajo realizado desde las asociaciones y organizaciones no gubernamentales puede ser uno de los caminos más indicados para alcanzar esta meta.

Cristina Alberdi
Ministra de Asuntos Sociales

MINISTERIO DE ASUNTOS SOCIALES
Gabinete de la Sra. Ministra


CRONICA 27 - Diciembre 1994