YO Y......LA ENFERMEDAD

Mª Dolores Fernández Zambrano

Sicóloga ACCU Extremadura


La vida es cambio: día y noche, estaciones, años, crecimiento, maduración, vejez...

La vida cambia, no siempre como deseamos, pero es inevitable. Nosotros debemos aceptar estos cambios como un paso adelante en nuestra vida. Y cuando hablo de esto no me refiero a una aceptación resignada, esperando lo que venga, no. Me refiero a conocer a fondo los cambios y encarados con valentía. Aceptar la situación y hacerla nuestra: si es lo que nos toca vivir, lo haremos lo mejor posible; primero por nosotros mismos, porque seguramente que haya muchas cosas que aún no hayamos hecho y queramos, y podamos hacer aún; y después por las personas que conviven con nosotros, que están viviendo nuestro cambio y que también deben adaptarse a él, y sacarle el mayor partido posible.


Se que todo esto que comento es mucho más sencillo decirlo que hacerlo, y que incluso aún sabiendo lo que deberíamos hacer, nos resulta muy cuesta arriba hacerlo, y lo posponemos, lo evitamos, y hacemos todo lo posible por olvidar el asunto y que los demás también lo hagan.

Cierto, todo lo anterior es cierto, pero también es cierta nuestra nueva situación con la enfermedad, y no podemos comportamos como si nada hubiera variado, porque al final sale por donde menos nos lo esperamos, y es peor, en el sentido de que ya no tiene sentido para nosotros.


Cuando a una persona, después de ir de un sitio a otro y de temerse lo peor al no ver clara la cosa, le diagnostican una EII, normalmente le causa alegría. Alegría, porque es preferible tener una EII que un cáncer. El siguiente paso es conocer en qué consiste una EII y qué implicaciones va a tener en nuestra vida, tanto en sus diferentes facetas, como a lo largo de toda la vigencia de la enfermedad.




Algunas personas lo tienen claro desde el principio: lo importante es saber cuanto más mejor sobre la enfermedad para afrontada de buenas maneras, y por lo tanto se ponen a ello enseguida: preguntan al médico, insisten en lo que no entienden, buscan información en Intemet, libros, otros enfermos, asociaciones..., y no paran hasta sentir satisfecha su curiosidad y saber lo que les puede ocurrir en los días venideros. Procuran estar al tanto de nuevos tratamientos y orientaciones médicas respecto a su enfermedad. Se asocian, participan en la asociación como vehículo de información y de formación. En definitiva, viven de acuerdo a su nueva situación, y poco o nada les pilla de sorpresa.

Otras prefieren no saber nada y que el tiempo lo «cure’ todo. Se toman la medicación que les prescriben y en cuanto desaparece el brote, «si te he visto, no me acuerdo». Y luego vienen los problemas, porque la enfermedad vuelve, antes o después, con mayor o menor virulencia. Y cuando vuelve, todo son problemas: laborales, familiares..., porque es una situación no prevista, ni deseada, ni para la que tengan ningún tipo de respuesta. Y entonces, tienen que empezar de nuevo, o bien interesándose, o bien desintreresándose nuevamente.

Incluso los hay que ni se toman la medicación, afortunadamente los menos, porque entonces la enfermedad sí puede negar a ser mortal.

Como vemos hay muchas maneras de afrontar una situación de estas características. La mejor, a mi modo de ver, es la primera, o lo que comúnmente se dice «coger el toro por los cuernos». Si la situación en mi vida es ésta, no adelanto nada con ignórala o con negarme a creerla. Y al contrario, sí puedo mejorar mi calidad de vida si me informo de todo lo que implica esa enfermedad en mi situación personal, laboral, social, etc., y puedo mejorar mi calidad de vida si aprovecho al máximo los recursos a los que tengo acceso y contacto con las personas que pueden ayudarme. Lleva trabajo, esfuerzo, y seguramente sea doloroso, pero a la larga será mucho más práctico y rentable.

Muchas veces nuestra respuesta no sólo depende de nosotros, sino que también influyen, y mucho, otros aspectos como la familia, nuestra historial personal y el lugar y/o momento en el que aparece la enfermedad. No lo tomaremos de la misma manera con 15 años que con 60; ni si vivimos en una gran ciudad o en una aldea, porque la accesibilidad a los servicios va a ser muy diferente; ni si somos el primer miembro o el tercero de la familia que presenta la enfermedad; etc.

A veces nosotros queremos saber más, pero ni el médico, ni nadie a nuestro alrededor nos informa. Solución: la asociación y otras personas que se encuentran en nuestra misma situación. Existe el teléfono, Internet, las jornadas de convivencia y las asambleas generales. Por medio de cualquiera de ellas podemos encontrar a alguien que esté dispuesto a compartir su tiempo y sus experiencias con nosotros.

Por suerte para nosotros, en nuestro país contamos con uno de los sistemas de asistencia sanitaria mejores del mundo, si no el mejor. Con sus problemas, como todos sabemos, pero con una gran cobertura y con grandes profesionales. A veces parece que no son muy accesibles los servicios para algunos de nosotros, pero no debe desanimamos porque la posibilidad de hacemos con ellos existe, aunque tengamos que dar más vueltas y hacer que algunos trabajen lo que tienen que trabajar y olviden el «vuelva en un mes» o «no es para tanto». Disponemos de especialistas en todos los hospitales y de consulta monográfica. Y si no, en vez de patalear y lamentarse, está el servicio de «Atención al paciente» que funciona.

También, y gracias a nuestro sistema sanitario, el acceso al tratamiento no tiene que ser un problema, pues la Seguridad Social costea parte del mismo. De lo que sí cojea, en líneas generales, es de la asistencia psicológica que muchas enfermedades necesitan y que, o la buscamos por nuestra cuenta, o nos quedamos con las ganas. Pero también existe, y sino, está la asociación y sus posibilidades.