ALIMENTOS FUNCIONALES ¿QUE HAY DE VERDAD?

Los expertos desconfían de los beneficios atribuidos a los alimentos funcionales, sostienen que no hay suficientes estudios clínicos que avalen su validez.

Leches enriquecidas con ácidos omega 3 , yogures con bífidobacterias o prebióticos, cereales con fibra, zumos con antioxidantes. Sin negar el potencial de determinados alimentos en la prevención de algunas enfermedades, los expertos creen que los beneficios que se predican de estos productos no están lo suficientemente contrastados a través de ensayos clínicos.

Los anuncios publicitarios en los que un personaje popular asegura haber reducido el colesterol tomando una marca de leche enriquecida con ácidos omega 3.Comprobar esta contingencia es muy difícil. La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, indica que en general, los alimentos funcionales cumplen en teoría el cometido para el que están diseñados, pero la mayoría de ellos carece de estudios científicos que avalen de verdad las propiedades terapéuticas que se arrogan.

Quien compre una margarina con estanoles con la promesa de que su colesterol va bajar está siendo víctima de una media verdad. Ignora algo tan elemental como qué cantidad ha comer diariamente para lograr ese beneficio saludable.

Para la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, la comida terapéutica no es la panacea y en modo alguno pueden sustituir a una alimentación adecuada.

Un peligro que se cierne sobre estos alimentos es que tomarlos en exceso pueden entrañar efectos indeseados. Si se exagera el consumo de las leches enriquecidas con calcio y vitamina D no es raro que aparezca litiasis.

Estos alimentos, sobre el papel, diversos experimentos realizados en laboratorios de todo el mundo han demostrado que los ácidos omega 3 reducen el colesterol, pero otra cosa es que, tomados en la leche y en una alimentación normal, disminuyan el riesgo cardiovascular. A la vista del éxito comercial, la industria de la alimentación se afana por investigar nuevos alimentos funcionales. El campo es amplísimo. Sólo en el intestino grueso hay 200 clases de bacterias, muchas de las cuales pueden mejorar la función intestinal.